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Prosa de Prensa

El puebloProsa de Prensa

Un NO afirmativo

NO voto

Los guarismos más temidos. Los números invisibles para los medios de comunicación convencionales y demás esquemas especulativos. El resultado final que no se observa adrede. El NO de quienes con convicciones o resignaciones le dan la espalda a los burdos y embusteros comicios. El grupo que integran las abstenciones, impugnaciones, nulos, blancos y recurridos conforma la fuerza más temida y más importante en cada acto electoral, al menos de las últimas dos décadas. Y casi todos los actores hollywoodenses de este parto contra natura llamado comicio se hacen los desentendidos. Por conveniencia, principalmente, y por cumplir con las obediencias implementadas, también.
En el orden nacional, y en el local –Partido de la Costa-, el NO a la vetusta contienda clientelar y a los mismos oferentes de la miseria volvió a ser el protagonista principal colocado en lo furtivo. Como si fuera una logia ultrasecreta que hay que esconder, para no soportar papelones ni reconocer que este sistema está caduco y, además, miente.

En La Costa, el rechazo al sistema fue la primera fuerza electoral

Para no extendernos más allá de a inmanencia vernácula, en el orden local, alrededor de 21500 fueron los NO, entre abstenciones, nulos, blancos e impugnados, que le dijeron a la transformación. Es decir, este segmento está conformado por 3000 personas más que a la lista a la que le adjudican mentirosamente el primer lugar y casi 4000 más que a la eterna segunda (la de Marcos García).
Y no vamos a recaer en que el escondido y acallado ganador de las elecciones está conformado por una homogeneidad de criterios y un unívoco ideario. Más allá de los resquicios evidentes de insumisión, aún no llega a encumbrarse en la categoría de una verdadera y concluyente rebeldía. Convicciones y resignaciones se conjugan para darle forma a este ganador impugnado por los mercaderes comiciales y sus séquitos de bufones al servicio de mantener la ignominia corporificada en urnas y cuartos oscuros.

La clase politiquera y sus subyacentes dominantes, poco a poco, y casi en un acto que no contempla una conciencia plena ni mediana, aunque fuese, va perdiendo credibilidad sistemáticamente. Ahora, claro, esa sistematización que asoma como una desobediencia deberá ineluctablemente convertirse en opción consciente. La convicción, de manera indefectible, tiene el compromiso de superar la resignación y construir un nuevo espacio que no alterne ni quede subyugado al mero acto del NO VOTO electoral y mucho menos desatender las cuestiones sociales y filosóficas que entraña. El NO VOTO debe ser una batalla intelectual e ideologica  para presentar en ese campo bélico que ofrenda el poder dominante y sus mensajeros, más allá de cualquier mera lid electoralera. El NO VOTO es todos los días, basado en una campaña que se extienda por sobre los pacotilleros discursos mediáticos y sea, en verdad, una manera de aprehender, reconocernos y convertirnos de agonistas a protagonistas. Primero, despojándonos de lo que nos han introyectado: la sumisión, la necesidad de ser gobernados por ingobernables y la falsa creencia de compromiso cívico, que no es otra cosa que una trampa retórica para sentirnos ciudadanos y soberanos. Dos terminologías abstractas y de uso suntuario, para contraponer a la subjetividad crítica que poseemos como sujetos sociales. Segundo, desaprender todo lo aprendido estructural, coyuntural e institucionalmente, y por último, enriquecernos, desde aquellas premisas, en la praxis. Para hacer, fuera de todo discurso proselitista, la verdadera historia. La nuestra, la que no solo deberemos escribir, sino construirla.

Mafalda democracia

El NO VOTO tiene que consustanciarse con una forma de vida. Cuando esa inmensa posibilidad que tenemos a nuestro alcance se imponga, entonces sí podremos sentirnos algo más libres y ya no necesitaremos de deambular por caminos ajenos y llenos de interrogantes, denominaciones histriónicas y vacilaciones a sortear.

Por Gustavo Calle

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#LRHVEContraculturaProsa de Prensa

La insoportable liturgia de las indefiniciones

Día de la Resistencia Indígena

Lo inconcebible, lo rayano con la sandez y la mediocridad que emana desde el sometido internalizado se volvieron a poner en evidencia, esta vez con una complejidad histórica aún no resuelta: el genocidio americano, construido desde hace más de cinco siglos, pero que aún prosigue con las gerencias que aquel imperialista extranjero se encargó, casi profética y antropológicamente, de engendrar y desarrollar hasta este ahora, pletórico de conquistadores conquistados y conquistados acongojados.

► Gino Trovatto: “Los estudiantes debemos transformar esta educación conservadora”

 

La comunidad educativa -así la denominan, casi artísticamente, con la firme intención retórica de no expresar en verdad que es escolaridad con su jerarquía y escalafón- de Mar de Ajó Norte organizó una supuesta jornada americanista, que también conjeturalmente perseguía el objetivo de generar conciencia sobre el genocidio de 1492 y las muertes colectivas subrogantes, posteriores, diacrónicas y sistemáticas.
Posiciones encontradas, que más que eso son carencia casi absoluta de criticidad, pero ante todo temor irresoluto de adoptar una posición cabal que aleje del sometimiento y la esclavitud, reinaron en las expresiones vertidas por los docentes, que al mismo tiempo condenan desde el discurso el avasallamiento, pero prefieren callar ante el colonialismo político escolar que los rige con su plena anuencia.

Conquistados conquistadores: expresamente prohibido hablar de Santiago Maldonado

A todo esto, mientras el evento se desarrollaba con las acciones burocráticas, arcaicas y vetustas de rigor –entiéndase, discursos de manual colegial, desfile de comunidades americanas residentes en el distrito y venta de choripanes en beneficio de las  eternas cómplices y socias del poder asociaciones de cooperadoras de los entes escolares-, la jefa distrital, María Imelda Molina, intimidaba con su presencia en el evento, bajo el apercibimiento de “fiscalizar las expresiones que se vertieran allí”, particularmente que se mantuviera en silencio y furtiva cualquier manifestación sobre la desaparición de Santiago Maldonado. Sí, justamente de Maldonado, integrante de un pueblo originario como el mapuche, en el día en que supuestamente se pretendía instalar la idea de concientización sobre la verdad del mal y perversamente llamado descubrimiento de América.

Esta tal Molina, además, para ser más Molina y más jefa distrital escolar, cuenta con el acompañamiento sumiso de sus súbditos: los docentes, quienes no se animaron, como es su habitual y penosa costumbre, a denunciarla públicamente, cuando se les dio la posibilidad a través del aire de FM 103.9.
Por lo demás, muy poco para destacar en esta jornada plagada, como siempre, más por los cumplidos efectistas que por los corolarios efectivos. Es decir, seguimos aguardando por una toma de posición certera y concluyente por parte de estos docentes que ni siquiera intentan, que algún día, puedan ser llamados maestros. O algo parecido.

► Cecilia, psicopedagoga con función en la Escuela N°8 de Mar de Ajó Norte

 

Las incongruencias, la falta de convicción y valentía, la nulidad que evocan sus expresiones siempre tan banales, primarias y confusas, prevalecen en un escenario que aún espera por sus definiciones y sus disculpas históricas. Porque ellos también, en el escalafón que proponen y aceptan por conveniencias y por sumisión, juegan de conquistadores conquistados (rol que los define como perfectos obedientes debidos a sus superiores, dentro de ese mismo orden escalafonario, del que no se apartan, además, las demagógicas asistencias y presencias sindicales). Y cambian figuritas de manual, procesos de pseudoenseñanza orquestados y manipuladores y puestas en escena de actos escolares, quedándose, como aquellos y éstos colonos, con el botín más preciado: la anulación de las inquietudes y sed de conocimientos basados en la actitud dialógica y no bancaria de los estudiantes.

► Favio Zabala (director de la Escuela N°8): “Hay docentes que aún sostienen el Día de la Raza”

 

Y así, la liturgia de la recreación de los valores dominantes prosigue incalculable e infinitamente. Tanto como la falta de bizarría y el afán quijotesco, que pareciera traspolarse, sin temor a inmediatas equivocaciones, en un obtuso y curricular deber obediente debido de estos conquistadores conquistados.

▬ Por Gustavo Calle

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Prosa de Prensa

José María Catusa Silva: “Siempre andaremos por la vereda de enfrente”

Catusa Silva

Como sentenciara cierta vez, “Araca la Cana es el manual no oficial de la historia de Uruguay”. Tanto como él, que lleva más de medio siglo como integrante esencial de la murga emblemática del “paisito” y 30, como director. José María Catusa Silva  -“la verdad nunca supe bien el motivo del apodo”– dialogó con Gustavo Calle, desde Montevideo, en la emisión del viernes (4) de La Radio Ha Vivido Equivocada, programa que se emite de lunes a viernes, de 11 a 13, por NdR Radio FM 103.9.

Catusa Silva en el aire de #LRHVE

Catusa (75) no omite su afecto entrañable por los artistas populares uruguayos que desde siempre acompañaron al carnaval, expresión cultural esencial del sentir, pensar y soñar de sus coterráneos. “Hablar de Eduardo Galeano, Mario Benedetti, Alfredo Zitarrosa, por citar sólo a algunos, es destacar el apoyo y la confraternidad que siempre mostraron con los murguistas, no sólo los de Araca, sino las de todas las murgas barriales, incluso las más pequeñas. Ese cariño se evidenció, ante todo, durante la última dictadura cívico militar, que comenzó en 1973, cuando al pueblo se lo pretendía privar de manifestar su pasión carnavalera”. A lo que Silva recuerda: “debí aprender a utilizar metáforas, ya que los mensajes directos podían causarnos más inconvenientes de los que teníamos, que no eran pocos ni insignificantes”.

La Bruta, La Compañera; Araca la Cana.

El líder de La Bruta o La Compañera, como también se la conoce a Araca la Cana, no olvida tampoco a algunos artistas populares como Washington Canario Luna, “quien poseía una voz muy particular, única. Fue un ser humano excepcional y un murguista maravilloso”.
Sin perder jamás los tics retóricos montevideanos, como “Bo´, gurí y botija”, entre otros, Catusa no hesitó al ser abordado por el estilo y la filosofía de Araca: “Siempre estamos en la vereda de enfrente; jamás representamos ni representaremos a ningún gobierno. Incluso, y a pesar de mis amistad con José Pepe Mujica, hemos criticado a su gestión. La postura de Araca es estar siempre de nuestra lado, que es como decir del lado de la gente”.
Araca la Cana, nacida en 1935 en un barrio proletario situado al oeste de la capital uruguaya, Paso Molino -enclavado entre Belvedere y El Prado-, tras la inquietud de un grupo de canillitas –en su mayoría negros-, quienes se reunían en las calles a jugar a los dados, una actividad ilegal por aquel entonces. Dentro de este panorama, uno de ellos oficiaba como seña, como “campana”, para avisar si se corría algún peligro, ante la inminencia eventual de la policía. Entonces, éste gritaba “¡Araca, la cana!”, para alertar a sus compañeros y que éstos escondieran los dados. De allí surgió la denominación de la murga, según cuenta la historia reivindicada y corroborada en la entrevista por Catusa.

El dolor por la negación a participar en el carnaval de 2014

“Mi gran dolor fue cuando el jurado del carnaval de 2014 no nos dejó participar. Justo ese año Araca cumplía 80 años de vida. Fue una decisión política, que nos perjudicó no sólo a nosotros, sino también a Agarrate Catalina (murga liderada por los hermanos Yamandú y Tabaré Cardozo). A pesar de la bronca que le provoca la evocación, Catusa señaló que “de todas maneras, ese año nos fuimos de gira por distintos puntos del planeta, logrando un reconocimiento por parte del público que nos sorprendió, pues llevábamos la cultura uruguaya a lugares insospechados”.
Silva, además, adelantó que “es muy posible que a la brevedad nos presentemos en la Argentina, país que quiero mucho, ya que se hallan avanzados algunos acuerdos para realizar recitales en la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo”. Al mismo tiempo, recordó con cariño a la ciudad de Mar del Plata, “a la que atesoro en mi corazón, ya que  allí hemos recibido reconocimientos importantísimos”.

Su reconocimiento a los artistas populares uruguayos

Catusa, quien coordina la dirección de La Bruta junto a su compañera, Lilian Silva, no obvió reconocer la calidad artística de algunos juglares uruguayos, como Jorge Lazaroff y Eduardo Mateo, a la vez que destaco, entre los “nuevos murguistas y artistas” a los hermanos Purciúncula (Maxi y Pablo). “Maxi, con tan solo 14 años, integró hace algunos años nuestra murga. Hoy conforma son Pablo un dúo musical de excepción”, expresó.

Catusa Silva: “En mi próximo viaje a Buenos Aires iré a visitar la radio”

En 2000, declarados los integrantes de Araca como “Ciudadanos Ilustres” de la Ciudad de Buenos Aires -después de llevar adelante una serie de cinco conciertos en el teatro Astros porteño- entre más de una veintena de reconocimientos recibidos no sólo en Uruguay sin en diferentes países europeos y americanos, la murga por excelencia de la historia del carnaval oriental tiene en su haber editados más de treinta discos, y ha sido acompañada a lo largo de su extensa trayectoria, por artistas populares como Larbanois-Carrero, Pablo Estramín, Manuel Capella, Rubén Rada, Víctor Heredia, Jaime Roos, Los Olimareños, Alfredo Zitarrosa, El Sabalero, Carlos Molina, Numa Moraes y Daniel Viglietti, entre otros.
José María Catusa Silva prometió en cualquier momento visitar personalmente los estudios de NdR Radio, “y de paso comernos un asadito y seguir charlando largo y tendido con ustedes”.

Catusa Silva. Historia viva de la música popular uruguaya.

Catusa Silva, como bien afirmó en su definición de Araca la Cana, es también parte intrínseca y esencial del “manual de la historia no oficial del Uruguay”. Y sin manuales impostores de por medio, no caben dudas que la negación del término “oficial” quedaría anulada.
Catusa Silva, como aquellos canillitas negros en los albores barriales del ’30, desde hace más de 50 años es el cuerpo y el alma inseparables de esta murga compañera llamada Araca la Cana, que es la expresión más genuina de la identificación y la pertenencia del, como decía Eduardo Galeano, “el sentipensar” del Río de la Plata en su orilla montevideana.

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Prosa de Prensa

Pipo va a la pesca piloteando su nave

pipo-tachero

Diatribas legislascivas: hoy, Rubén Oliva
Por Gustavo Calle

Bajada de bandera. Veinte mangos más dieta. Mezcla rara de penúltima butaca y escaño polizón rumbo a Costanera 8001, a la vuelta de la esquina. Por algo, quizá, los tachos costeros son bordó. Por la bronca, por vergüenza que sobrepasa la mesa de entradas y la puerta trasera de salida.
“¡Taxi!, hasta el polo industrial y depredación playera, por favor”. La señorita de falda corta y sumisión larga le cuenta de su indignación, mientras él cuenta la guita y los días que faltan para las próximas elecciones.
Siempre hay un Cotoco aguardando en cada esquina, en cada neuropsiquiátrico, en cada boleta electoral, en cada parada de taxi. Rubén trabaja en una rubenería. También, como tachero y concejal. Todo un comepancho. Más por lo segundo. Vida de fichas y fichajes; de volantes y volantazos; de cambios y de marcha atrás; de embrague y de que le patine. Seguido, casi siempre, sin parar.

Dicen en el barrio que Rubén ahora, desde que ocupa su banca más que su asiento, ya no sazona la ensalada con aceite de girasol, barato; lo hace con el de Oliva, de baratija. Chofer, apure el motor, dicen que dicen que le dicen. Y el tipo, orondo, maneja canyengue, de medio lado, con el culo cerca de la puerta, una mano al volante y la otra balanceando en la palanca. Sus ojos miran de soslayo cómo caen las fichas y cómo se encajonan ordenanzas. Chamuya de bardo y de deliberante, nomás.
De frente, renovador, y de costado, te acuesta. La reza a una estampita de la más puta de las vírgenes, mientras levanta su brazo sólo para avisar que dobla. O vuelca, una vez más.  Pipo se llama Rubén, y de Oliva tiene su apellido y a Popeye, que es como decir Szarangowicz (Jorge).
“¡Taxi!, ¿está libre?” Y el tipo responde: “menos de sospecha, de casi todo. Suba que la llevo, pero sólo hasta su lugar de votación. La espero, verifico que haya cumplido con su deber, y el viaje se lo regalo”. Total, para ganar hay que invertir. Y para enriquecerse, menos laburar, cualquier cosa.
Como tachero, Pipo yira; como concejal, yiro. Qué importa el género, va fanculo. Si de yirar se trata, nosotros siempre somos los hijos de ellos. Y no tanto de los tacheros.
Pipo labura de 12 a 22. Así reza en su parabrisas. Nadie le cree, ni él, ni el auto. Dicen que le aprobaron la VTV, porque allí alguien no ve más allá del orden del día. Igual a él, pero con un voltímetro que marca menos recorrido. A Pipo, en cambio, de tanto rodar y vagar, el motor ya se le fundió un par de veces. Y espera cambiar de modelo y de taxi, para los próximos comicios. Y hasta en una de ésas, también cambie de banca, y a ésta la lleven hasta la plaza del barrio.
“¡Taxi!, ¿está desocupado?”, se oye preguntar. “Pronto, señora, pronto”, replica Pipo mientras devora su superpancho con aderezos y se apresta a depositarle en el banco la recaudación del día a su patrón. Claro, Pipo no es el propietario del tacho. Pipo es sólo un peón. El cabrón que lo empleó, en tanto, está de viaje en viaje y pidió, otra vez, licencia.

Un dato, sólo un dato. El taxi es de los 90. Un regalo de Juan al cabrón. Y desde hace un  tiempo tiene inconvenientes con la caja de cambios. La primera no entra. Solo arranca en segunda. Y así termina.

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#LRHVEProsa de Prensa

Igual que (In)Mundo, este otro tal Marino

Juan Marino TPR

Por Gustavo Calle

Escuchar a Juan Marino, líder del movimiento Tendencia Piquetera Revolucionaria (TPR), hablar sobre política es remitirse a más y peor de lo burdo conocido. En diálogo mantenido en la mañana del miércoles (24) durante la emisión de La Radio Ha Vivido Equivocada, Marino deambuló retóricamente como un politiquero de baratija más:  se mostró partidario de la izquierda electoralera, simpatizante kirchnerista, preludiador atolondrado de Karl Marx, apólogo de León Trotsky (defendiéndolo por unirse a los criminales de Rosa Luxemburgo para combatir al nazismo), abogado defensor de la puntera política K Milagro Sala y acusador de la realidad al definirla como “contradictoria”, olvidándose que a ésta la conformamos los “contradictorios que la llenamos de contradicciones”. Y digo contradictorio, pues catalogar a Marino con esa cualidad sería una impostura de mi parte. Marino es simplemente uno más del rebaño asqueroso de la politiquería que se moviliza por reacción, interés, conveniencia, poder y ambivalencia.

Empuñando la tesis del antimacrismo, este autodenominado “revolucionario piquetero de izquierda” basa su arsenal minimizando las ineptitudes y corrupciones del sistema todo, en su todo de dominación cultural. Ese maniqueísmo pueril, mediocre y falaz “kirchnerismo bueno – macrismo malo” nos remite al mensaje sumidor de desdicha y de ignorancia que por caso esos dos sectores politiqueros, entre tantos otros más incluido la izquierda electoralera, nos inculca como si se tratara de dos vertientes antagónicas en pugna. Esta elucubración pletórica de pobreza intelectual enfatizada por Marino es sólo una continuación de la explotación, que no comenzó ni con el kirchnerismo ni con el macrismo, sino con este sistema de producción cruel amparado y retroalimentado por los comiciales partidos políticos que fluctúan desde la diestra a la siniestra, pasando por el centro y todas sus ramificaciones nominales.
Desglosar el “enciclopedismo político” de Marino lejos, quizá, está de ser enriquecedor, se me ocurre, pero sí al menos esclarecedor para determinar el grado de boludismo, impericia y especulación que posee esta porción fraccional de izquierda que se dice “piquetera y revolucionaria”, pero a la hora de votar no duda en hacerlo por, supuestamente, sus pares electoraleros, a quienes también critican cuando no poseen salida retórica, como pudimos vivenciar fehacientemente en la entrevista realizada.

Juan Marino, entrevistado durante #LRHVE

 

Comencemos con el pequeño desilustrado manual de primeros auxilios politiqueros de autoría Marino. Primero, defiende la postura comicial de su TPR, a pesar de jactarse como revolucionario. Es decir, acude a las urnas llamando a este soporte “hecho revolucionario”. Segundo, discursea con la izquierda y defiende solapadamente al kirchnerismo. Incluso, durante la protesta convocada por ATE y otros gremios entreguistas, de la que participaron estos sectores de la zurda vernácula en vías de extinción ideológica, repartieron volantes exhortando al regreso de Cristina Fernández de Kirchner al poder institucional, enfocando su “rebelión” no teniendo como horizonte al sistema capitalista, sino al macrismo. Minimización pura de la política contemplada en un cuadro cultural que ellos, el zurdaje, dicen combatir. Tercero, como es reiterada y hastiante costumbre, citó a Karl Marx, mostrando una peligrosa y alarmante ambigüedad de criterios ideológicos, si tomamos en cuenta lo antedicho en los puntos citados. Otra vez Marx puesto en escena, escudado en los blasones teóricos que la izquierda supo ganar en las charlas de salón ridículas e inoperantes del Café La Paz. En definitiva, su mayor y único éxito revolucionario, además de su defensa de los asesinos de Rosa Luxemburgo, que se unieron al “campo de batalla pseudopopular” para derrocar al nazismo. Claro está, derrota asegurada de antemano, como todo intento histórico asacado por frentes inadmisibles e inentendibles ideados por esta cruza extraña de izquierdistas pero no tanto. Cuarto, el pedido de liberación para la puntera política kirchnerista Milagro Sala. Otro eslabón más de la obscura trayectoria de estos espacios que se hacen denominar de vanguardia y que no son otra cosa que eso: una cosa. E indefinible e inenarrable, cuanto menos indefendible. Intentar catalogar a Sala como luchadora popular -con la salvedad de esa ambigüedad retórica de querer gestualizar diferencias ideológicas, de la que tanto Marino y sus secuaces son proclives y amantes- es todo una aberración y un atentado a la mediana dignidad e intelectualidad del hombre común del que dicen ellos también estar manufacturados. Milagro Sala no es más que bastarda puntera política delincuente, abyecta, falaz, que manipuló millonarias sumas de dinero proveniente de arcas deshonestas y malparidas, entre tantas otras consideraciones desde la faz político-cultural que se nos ocurra cavilar.

Un luchador popular no se encarama con ningún partido político que lo solvente o lo ampare.

Un luchador popular mantiene incólume su independencia, su libertad, su autonomía y, ante todo, no se permite ser adoctrinado o dogmatizado. Un luchador popular no necesita avales politiqueros ni testaferros, como la izquierda, que salgan a lavar su nombre, tal Sala lo hizo con las sumas estruendosas en pesos que manipulaba a su antojo, siempre cumpliendo órdenes de sus patrones kirchneristas. Quinto, Marino se excusó de “vivir una realidad contradictoria”, como si ésta -la realidad- fuese un ente asbtracto, desposeído y despojado de seres que la conforman y le dan vida. Como contrapartida a la ligera definición de Marino, la contradicción se denota en la realidad, producto de los accionares de aquellos que operan y tienen injerencia en ella. La contradicción, facultad que no debería ser utilizada banalmente como lo ostenta el “revolucionario piquetero zurdokirchnerista argento”, no significa deslealtad, traición, embuste o tema discursivo de un filibustero. La contradicción plantea una tensión, una búsqueda, un camino para armonizar dos o más posturas de cara a la realidad que vamos construyendo. Para eso se necesita, imperiosamente, no trastocar valores, no resignificar lugares dignos, no balbucear estupideces politiqueras intentando convertirlas en falsos y engañadores ismos ideológicos, no recrear mensajes y posiciones partidarias sosteniendo que “la derecha es peor que la izquierda o el centro es mejor que el neoliberalismo extremo”. La contradicción es saber, o procurar hacerlo, discernir que el sistema cultural aculturizante -valga y dispense a la vez el redoble de verbigracias- es uno solo y tiene a sus intérpretes y compositores, que lejos de ser distintos sólo se los reconoce por tocar en diferentes orquestas. Pero también, como los músicos, no tienen inconvenientes, al momento de convenirles mutar para el bien de sus intereses y sus avaricias, en mañana o ya mismo cambiar de agrupación y de director, pero no de repertorio y de instrumento. Es decir, entonces, que el enemigo es el poder dominante sin distinción de banderías. Un poder dominante que tiene alternancia en el poder institucional -léase gobierno-, pero no por este nimio motivo se subyace a perder el control de su jerarquía y estamento escalafonario. Por caso, recordar el último de los diciembre trágico (2001). Todos los fariseos de la politiquería de pacotilla unidos en pos de salvaguardar esas remanidas instituciones democráticas que avizoraban en peligro. Y la izquierda, mientras tanto, divagando y pregonando a Marx, Engels, Lenin, Trotsky, dogmatizando, adoctrinando, en lugar de vincularse, entender y darle lugar al libre y estrepitoso que “se vayan todos”. Claro, no comprendieron, como siempre, el mensaje. Que “se vayan todos”. En ese “todos”, estaban incluidos, claro está.

La complejidad social no es política. Es social. Unica categoría posible en que los Hombres hallan el campo donde se movilizan, luchan, sueñan, comparten y unen. Lo demás es política. Esa que hacen derechas, centros e izquierdas, sin solución de continuidad pretendiendo hacer posible lo que no debiera serlo. Quiero decir, entonces, que prefiero ser profanado e ironizado por utópico e iluso y no defenestrado, socialmente, por mis semejantes, por mis diferentes y no antagónicos, por quimérico y mentiroso.

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Prosa de Prensa

La barbarie de los autoproclamados civilizadores

Domame ésta

Por Gustavo Calle

Las opresiones urdidas por el poder explotador trascienden todas las barreras. Incluso, hasta hacerles creer a todas las generaciones de gauchos, que las diversiones bucólicas tienen permitido, por tradición y cultura, el maltrato de un animal, que siempre -vaya paradoja- le sirvió para colaborar en sus más arduas y dignas tareas. Es decir, el mismísimo trabajador de la tierra se convirtió, desde tiempos inmemoriales, en el verdugo sin el más mínimo sentido de criticidad -en los más de los casos- de su ladero laboral más fiel.
Valga, entonces, antes de inmiscuirse en cualquier argumentación, intentar dilucidar conceptos que en este estado de cosas asoman casi suntuarios, como “tradición y cultura”. Bien lo decía el polígrafo español Vicente Alexaindre: “La tradición debe ser revolucionada”. Evidentemente, si no la colocamos en el lugar de los revulsivos, la tradición suele convertirse en algo animado extemporáneamente, pero que no posee razón de ser. Es decir, sería impensado suponer que hoy podamos bailar el pericón en las calles o un guapo nos aguarde en las madrugadas acodado en un buzón, entre la niebla del Riachuelo o el humo de un tren a punto de partir de su estación. Simplemente, porque ya no existen más ni los trajes ni las costumbres de época, ni los buzones, y los trenes son eléctricos. Que no quiere pretender en absoluto la negación de la tradición, pero sí que ésta vaya acompañando a los tiempos históricos. Esa es su verdadera función: absolutamente alejada de cualquier impostora situación que huela a acto escolar.

En cuanto a la “cultura”, ésta comienza cuando el trabajo y las manos de un trabajador son respetados. Al menos, válido es el concepto desde que por muy buena suerte la cultura quedó entrometida con las cuestiones antropológicas, humanas, sociológicas, despojándose de aquel academicismo maniqueísta que sólo la asociaba a un racimo de sarmientinos intelectuales. La cultura, por ende, debe ser construida y no aceptada. La cultura se va imponiendo y sucediendo en la verticalidad de lo que algunos de sus dueños han sabido cooptar. De allí, la imperiosa urgencia de generar contracultura contestataria a los preceptos obsoletos y fraudulentos que supimos aprehender.
Por eso hoy resulta inaceptable que ateniéndonos y entendiendo las herramientas de que disponemos para subvertir el verbo, primero, y sus circunstancias en la praxis, después, aceptemos mansamente órdenes provenientes de la lógica de un sector que sólo se preocupa y ocupa de sus propios intereses. Que en verdad, son antagónicos a los nuestros. Quiero decir, con esto, que es taxativo que nos despojemos de todo falso prurito filonacionalista implantado  por aquellos que su única patria es el dinero y el poder -vaya otra paradoja-, para dar paso a una dignificación de la vida que incluye, por supuesto, acabar con cualquier tipo de maltrato o traición.

[divider]El salvajismo de las jineteadas. Una yegua muere durante uno de estos espectáculos aberrantes[/divider]

Las jineteadas, tan ruralistas, tan pacatas, tan de sociedad de beneficencia, no son otra cosa que abusar de quienes, conduciendo las riendas de un caballo, tienen a estos animales como leales compañeros de trabajo y de afecto. Partiendo de esta premisa, valga la vida, entonces, para darnos cuenta que  podemos prescindir de cualquier explotación animal, sobre todo si ésta la llevamos adelante en pos de gratificar dineraria y jerárquicamente a los patrones de siempre. Esos que tradicional y culturalmente se supieron apoltronar en la cúspide de todo infortunio nuestro y de todo despropósito humano.

Como dijo el uruguayo Eduardo Galeano, “hasta que las historias de cacerías sean narradas por sus protagonistas, éstas seguirán favoreciendo a los cazadores”, supongo casi inexpugnablemente que el caballo, en su rol de absurdo e incomprensiblemente jineteado, posee un único y fatal defecto: cree en el hombre. Al menos, en el hombre que lo convierte en su súbdito y hace con su paso por la vida lo que se le place, y hasta en aquel que termina siendo su verdugo material jineteador, a quien también indefectiblemente el poder explotador lo esclaviza y somete.


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Prosa de Prensa

Si no me mato, me pagás lo que me corresponde (la nueva versión sobre el suicidio, asacada por la asquerosa prensa explotadora)

Nota Opinión

Por Gustavo Calle

Mercenarios de la comunicación y en la comunicación constituyen, en el Partido de la Costa, un emblema que se condecora con el halago dinerario de sus progenitores: el poder político económico. El sólo atisbo de la generosidad de monedero de sus benefactores, genera en estos sátrapas que mienten, deforman, se acomodan a los convencionalismos diarios, una especie de arrobamiento que les permite proseguir el postulado del “Cogito ergo sum”, pero de esta era que lo trasmuta en “Corrompo, luego existo”.

El retrato de la genuflexia. Los periodistas autoconchabados se premian a sí mismos su miserable accionar.
El retrato de la genuflexia. Los periodistas autoconchabados se premian a sí mismos su miserable accionar.

La última muestra preferencial y referencial del destino mediático fue ofrendado al público consumista de medios por el por siempre desfachatado Opinión de la Costa, que tituló un reclamo laboral y salarial efectuado bajo la desesperanza extrema por un trabajador comunal como “intento de suicidio en la delegación comunal de Mar de Ajó Norte”. Así, textual, encabezó en una de sus últimas portadas, el periódico oficial de la opresión y el embuste.

Ese supuesto “intento de suicidio” obedeció conceptualmente, a que el trabajador decidió ingresar a la dependencia barrial portando un bidón de nafta, amenazando quemar las instalaciones gubernamentales o prenderse fuego, si es que no obtenía respuestas satisfactorias a sus exigencias-derechos. Corolario, el damnificado protestante de los porotos diarios, preso y catalogado como “ demente”, ya que al lugar no sólo asistieron efectivos policiales para su detención, sino también psicólogos -esos especialistas en transferir sus propias debilidades en otros, cuando prestan funciones para el gabinete expoliador y explotador- confundiendo “un caso de dignidad y justicia con uno de diván”. En fin, el trabajador culminó detenido, catalogado como insano y sin la paga de las horas extras y otros beneficios quitados por el delegado comunal de Mar de Ajó Norte, un tal Rodrigo Ruiz, que había ido a reclamar.
A todo esto, el servil Opinión de La Costa, de funestas titulaciones entre otros desacoples como la indecencia, la incapacidad periodística y la falta a sus deberes más o menos éticos, se escudó en el comisario de Mar de Ajó, a quien, por supuesto, exaltó por su accionar “siempre al servicio de la comunidad”, ya que como expresó el mismo funcionario en el artículo “no debimos emplear la fuerza”, para conminar al “suicida versión mediática oficial”.

Pues bien, si la prensa hoy se ha convertido, desde hace un buen tiempo, tristemente en un mero negocio de la curiosidad, medios como el citado decidieron ir más allá en la aseveración. La prensa, con Opinión de La Costa, es algo más que un simple mercantilismo del regodeo barato y la banalidad. Es un pingüe negocio de la deshonestidad.

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