#LRHVEProsa de Prensa

Raza, ¿qué raza?

La raza de uno, la nuestra, no es la de Colón, tradiciones culturales más, conquistas menos.
La raza de uno, la nuestra, es la de los sin raza.
Humanos cuzcos, altiplanos, cordilleranos caribeños, tropicales,
húmedos, pampas, quebradas y quebrados.
La raza de uno, la nuestra, señores, desconoce jerarquías y maniatadores.
La raza de uno, la nuestra, se mide con la vara de la perspectiva de etnia americana.
No tiene dientes, pero muerde; no tiene pan, pero tiene hambre;
tampoco agua potable, pero sí sed, mucha sed. De tierra, manos nuestras y cabezas ajenas.
La raza de uno, la nuestra, contiene un montón de letanías y un inconsciente colectivo,
que cuando se vuelva consciente andará completo hasta el estribo
reocupando, resistiendo, reeducando.
La raza de uno, la nuestra, es estirpe guerrera madera, obrera.
Hace más cinco siglos y también hace menos que ayer.
Es ocupado calchaquí y desocupado aymara. Campesino inca y estudiante quechua.
Niño maya y abuelo mapuche. Desconsuelo de tonto, despojo de pillo rebeldía que llega.
La raza de uno, la nuestra, nada tiene en común con la de ellos,
más que la necesidad y la urgencia.
La raza de uno, la nuestra, es de arco y flecha, escrache y piquete,
revoluciones y revoluciones, que no saben de convulsiones y oropeles, sólo de revulsivos.
La raza de uno, la nuestra, contrajo gripe, paludismo, viruela, desnutrición.
Fue al hospital y no la atendieron por falta de turnos, de insumos, de camas y de personal.
Y por no ser hombre de raza, que además es muy previsor y fundó sus clínicas privadas.
La raza de uno, la nuestra, carga con la inmensa responsabilidad
de resolver las diferencias entre conquista y tradición cultural.
La raza de uno, la nuestra, debe saber muy bien que la congoja es esa enfermedad virósica
que se expande como pandemia y que permite que la raza de uno, la nuestra,
sea impelida a celebrar el 12 de octubre y toda fiesta convocada por la opresión.
Desde hace más de cinco siglos y desde hace algo menos que ayer.

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Gustavo Calle

Periodista por negarse a amanecer temprano; escritor, porque los pájaros vuelan y no preguntan el motivo; obsesivo, por derecho propio, y conculcante, contumaz y desertor de cuartos oscuros, a más que tengan alcoba y alguien que me aguarde.
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