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La insoportable liturgia de las indefiniciones

Lo inconcebible, lo rayano con la sandez y la mediocridad que emana desde el sometido internalizado se volvieron a poner en evidencia, esta vez con una complejidad histórica aún no resuelta: el genocidio americano, construido desde hace más de cinco siglos, pero que aún prosigue con las gerencias que aquel imperialista extranjero se encargó, casi profética y antropológicamente, de engendrar y desarrollar hasta este ahora, pletórico de conquistadores conquistados y conquistados acongojados.

► Gino Trovatto: “Los estudiantes debemos transformar esta educación conservadora”

 

La comunidad educativa -así la denominan, casi artísticamente, con la firme intención retórica de no expresar en verdad que es escolaridad con su jerarquía y escalafón- de Mar de Ajó Norte organizó una supuesta jornada americanista, que también conjeturalmente perseguía el objetivo de generar conciencia sobre el genocidio de 1492 y las muertes colectivas subrogantes, posteriores, diacrónicas y sistemáticas.
Posiciones encontradas, que más que eso son carencia casi absoluta de criticidad, pero ante todo temor irresoluto de adoptar una posición cabal que aleje del sometimiento y la esclavitud, reinaron en las expresiones vertidas por los docentes, que al mismo tiempo condenan desde el discurso el avasallamiento, pero prefieren callar ante el colonialismo político escolar que los rige con su plena anuencia.

Conquistados conquistadores: expresamente prohibido hablar de Santiago Maldonado

A todo esto, mientras el evento se desarrollaba con las acciones burocráticas, arcaicas y vetustas de rigor –entiéndase, discursos de manual colegial, desfile de comunidades americanas residentes en el distrito y venta de choripanes en beneficio de las  eternas cómplices y socias del poder asociaciones de cooperadoras de los entes escolares-, la jefa distrital, María Imelda Molina, intimidaba con su presencia en el evento, bajo el apercibimiento de “fiscalizar las expresiones que se vertieran allí”, particularmente que se mantuviera en silencio y furtiva cualquier manifestación sobre la desaparición de Santiago Maldonado. Sí, justamente de Maldonado, integrante de un pueblo originario como el mapuche, en el día en que supuestamente se pretendía instalar la idea de concientización sobre la verdad del mal y perversamente llamado descubrimiento de América.

Esta tal Molina, además, para ser más Molina y más jefa distrital escolar, cuenta con el acompañamiento sumiso de sus súbditos: los docentes, quienes no se animaron, como es su habitual y penosa costumbre, a denunciarla públicamente, cuando se les dio la posibilidad a través del aire de FM 103.9.
Por lo demás, muy poco para destacar en esta jornada plagada, como siempre, más por los cumplidos efectistas que por los corolarios efectivos. Es decir, seguimos aguardando por una toma de posición certera y concluyente por parte de estos docentes que ni siquiera intentan, que algún día, puedan ser llamados maestros. O algo parecido.

► Cecilia, psicopedagoga con función en la Escuela N°8 de Mar de Ajó Norte

 

Las incongruencias, la falta de convicción y valentía, la nulidad que evocan sus expresiones siempre tan banales, primarias y confusas, prevalecen en un escenario que aún espera por sus definiciones y sus disculpas históricas. Porque ellos también, en el escalafón que proponen y aceptan por conveniencias y por sumisión, juegan de conquistadores conquistados (rol que los define como perfectos obedientes debidos a sus superiores, dentro de ese mismo orden escalafonario, del que no se apartan, además, las demagógicas asistencias y presencias sindicales). Y cambian figuritas de manual, procesos de pseudoenseñanza orquestados y manipuladores y puestas en escena de actos escolares, quedándose, como aquellos y éstos colonos, con el botín más preciado: la anulación de las inquietudes y sed de conocimientos basados en la actitud dialógica y no bancaria de los estudiantes.

► Favio Zabala (director de la Escuela N°8): “Hay docentes que aún sostienen el Día de la Raza”

 

Y así, la liturgia de la recreación de los valores dominantes prosigue incalculable e infinitamente. Tanto como la falta de bizarría y el afán quijotesco, que pareciera traspolarse, sin temor a inmediatas equivocaciones, en un obtuso y curricular deber obediente debido de estos conquistadores conquistados.

▬ Por Gustavo Calle

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