Darío LúquezEdición #33

Aquí nos falta alguien que está

Informe especial de NdR sobre la desaparición aún no dilucidada ocurrida en agosto de 2014, en Las Toninas, del joven de 20 años que padece esquizofrenia, según lo denunciado por su padre. Increíble e imperdonablemente, el 26 de septiembre pasado, la policía de Villa Gesell, luego que Darío fuese llevado a esa dependencia por una vecina de la citada ciudad, lo dejó partir, a pesar del pedido judicial de búsqueda que pesaba sobre él. Una trama perversa, en la que se pone en evidencia la desidia, la incapacidad y el desprecio que el poder político en todos sus formatos (gobierno, oposición, derecha, centro e izquierda), la justicia y los encargados de velar por una supuesta y declamada seguridad (policía, patrullas municipales y agentes diversos del Estado) tienen por las clases populares, en particular, y por el género humano, en general


Por Luciérnaga Diurna

Cuando conocí la historia de Darío Hernán Lúquez, traté de discernir cuál era el impacto que había causado en cada organismo, institución, personaje imbuido de poder, o en los vasallos, que son por acciones o intereses, funcionales el sistema. Esos entes desprovistos de sentimientos que ornamentan cada puesta en escena, son los que algunas de las pocas veces se atreven a dar la cara ante las impericias y barbaridades cometidas. No encontré ninguna palabra que se acercara a una acción humanitaria. Ni siquiera estoy hablando de que cumplan con esas leyes y procedimientos sobre los Derechos Humanos que tienen en sus chips (gastados).
Mierda. Todas palabras muy difíciles, que a uno le frunce lo que cualquier mortal y digno pueda imaginar. Que nos convierten en caudal de furia y dolor. Claro. Eso, a cualquier padre. A un padre que dejó de ver a su hijo el 5 de agosto de 2014 y lo busca desde entonces, cada segundo de su vida. Palabras difíciles y fuertísimas: abandono, soledad, desesperación, no terminan de completar el cuadro de Osvaldo Lúquez y su familia.
Pero, con tantas evidencias que se manejaron institucionalmente, encontré que pocas contienen tanta crueldad como la que caracteriza este caso: el término más abarcativo para definir este funesto episodio es indiferencia.

Paso a paso

El 5 de agosto de 2014, a las 11, Osvaldo Lúquez, papá de Darío, realizó la denuncia de la desaparición de su hijo en la comisaría de Las Toninas, ya que había agotado la búsqueda iniciada con la policía, amigos y familiares. No estaba en ningún domicilio conocido. El rastreo continuó en un campo lindero a la casa, que divide San Clemente de Las Toninas. Durante tres días buscaron a Darío con perros, bomberos, policías y familiares, sin resultados favorables, y al mismo tiempo imprimieron afiches, asumiendo todos esos gastos, para colocar en los comercios, terminales de ómnibus, hospitales, y otros organismos y entes públicos. También comenzaron la difusión en redes sociales y medios de comunicación.
El 11 de agosto, Osvaldo viaja a la ciudad de Buenos Aires para participar en el programa Los unos y los otros, que se emite por el canal televisivo América, sin ningún resultado concreto. Por las noches, mientras tanto, la búsqueda de Darío proseguía en la playa y  en los lugares donde decían, algunos, haberlo visto.
Los primeros días de octubre, Osvaldo viajó nuevamente a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la que a lo largo de una semana pegó afiches por las calles y preguntó por todos los hospitales metropolitanos sobre su hijo. Realizó la denuncia, también allí, por si Darío hubiese sido  trasladado.
Desde el 5 de agosto, fecha en la que Darío desaparece de su hogar, Osvaldo y su familia llaman tres veces por semana a los hospitales y comisarías, y todos los lunes van a la fiscalía esperando encontrar novedades.
Durante los primeros momentos de la búsqueda, ante la aparición de un cuerpo en las playas ubicadas entre San Clemente y Las Toninas, Osvaldo solicita desesperadamente que le realicen el ADN, gestión que se la otorgan en el inconcebible término de tres meses. Durante todo ese tiempo, continuaba la búsqueda, pero con el condicionamiento de que ese cuerpo podría haber sido el de su hijo.

[infobox title=’CLAVES’]* El 5 de agosto de 2014 a las siete de la mañana se fue por la ventana de su habitación. El mismo día por la tarde, a eso de las 17, lo vio su amigo Adrián Méndez en el auto de un muchacho de nombre Israel.  Adrián no pudo declarar por ser menor, en otro disparate legal.
* El  7 de agosto, una amiga de Darío, de nombre Daniela, recibió un mensaje de Darío a través Facebook, en el que la anoticiaba que se encontraba bien, según lo declarado por ella ante las autoridades judiciales.
* El 9 de agosto lo vio un vecino de Las Toninas en la calle 18 y playa de la citada ciudad, alrededor de la hora trece, según especificó ante la justicia. El mismo día, entre las once y doce de la noche, a Darío lo vio una chica de nombre Celeste Ceballos, en la intersección de las calles 32 y 4, de Santa Teresita. También ésta es una declaración presentada ante la justicia.
* El 12 de agosto, en horas de la tarde, al joven lo vio una señora en las calles 38 y 3, de Santa Teresita, según lo confesado por la mujer en la comisaría de Las Toninas una semana después, porque en la dependencia policial de Santa Teresita no le quisieron tomar declaración argumentando que ya tenían información de que estaba bien y de que no quería volver a su casa. (sic) * En los últimos días de agosto y los primeros días de septiembre la familia Lúquez recibió un llamado anónimo en la comisaría y al 911, donde informaban que Darío se encontraría en la calle 72 entre 9 y 10, de Mar del Tuyú. La policía solicitó un allanamiento, pero fue sospechosamente desestimado por el juez. La policía insistió con el pedido, pero nunca lo obtuvo.
* Durante los últimos días de septiembre, una señora que se desempeña como peluquera en la Avenida 3 y Paseo 143 bis, de Villa Gesell, contuvo a Darío en su domicilio, lo asistió, le suministró ropa y alimentos y una cama para dormir. Esta señora nunca supo su nombre, pero sí lo identificó por los afiches que Osvaldo había hecho circular. Darío no recordaba su nombre, manifestaba estar perdido; sí recordaba su número de documento. El 26 de septiembre la señora lo llevó a un pastor religioso, quien se comunicó al 911 para informar sobre la situación de Darío. Enviaron un móvil de la comisaría segunda de Villa Gesell. Allí le comunican a la peluquera que no les figuraba el pedido de paradero ni antecedentes, como así tampoco pedido de captura por ningún delito. Por tanto, Darío debe retirarse de la comisaría con la señora que lo acompañaba, quien lo deja en la terminal de micros de Villa Gesell. Así lo declararon la mencionada y el pastor.
* El 12 de noviembre la familia de Darío recibe un llamado de una chica llamada Melisa, residente en Villa Gesell, quien les manifiesta que vio a Darío en los últimos días de octubre en Avenida 3 y 112, pleno centro de la vecina ciudad balnearia. Asegura que lo había hallado en situación de calle, perdido, y corroboró que el joven no era de la zona, aduciendo que en la localidad se conocen todos y este chico era el de la foto que tanto compartían por facebook su familia y amigos. También durante el mes de noviembre una señora dice haber visto a Darío en la terminal de ómnibus de Mar de Ajó. Vestía con jeans y estaba descalzo, según expuso inútilmente a las indolentes autoridades.[/infobox]

Del mismo modo, durante todo el tiempo solicitó asistencia municipal. Específicamente lo derivaban con la Secretaría de los Derechos Humanos, a cargo del limitado intelectualmente mandamás del Movimiento Evita, el inepto y lacayo Martín Poustis. Osvaldo realmente necesitaba asistencia y apoyo no sólo moral, psicológico y de gestión de acciones, sino también económico: solicitaba que le imprimieran afiches. Pero a fines de octubre, Luciana, quien oficia como secretaria del inservible y vil Poustis, en Derechos Humanos, y quien era la única que lo atendía, le dijo que no iban a imprimirle más los afiches, porque el tema se había mediatizado demasiado y que no debía aparecer en los medios de comunicación porque estaba perjudicando al gobierno. Que ya tenía la promesa del padre del intendente, el actual legislador y ex jefe de Estado costero, Juan De Jesús, de que tanto la Municipalidad como la Gobernación de la provincia de Buenos Aires se estaban ocupando de la búsqueda de Darío.
El viernes 7 de noviembre, alrededor de las 17, Osvaldo se cruza en un acto protocolar llevado adelante en el Instituto de Formación Docente de Santa Teresita e interpela públicamente al intendente comunal Juan Pablo De Jesús y a su padre, Juan De Jesús, por el abandono y la falta de cumplimiento con las promesas de acciones, en la que transcurría la búsqueda de Darío. El lunes 9 del mismo mes reciben a Osvaldo en la Municipalidad y de allí sale con nuevas promesas de difusión en todos los medios de comunicación, hasta que encontraran a Darío.

“Martín Poustis (titular de la cartera de Derechos Humanos) es un hijo de mil putas”
(Osvaldo Lúquez)


Al poco tiempo, no sólo retiraron los afiches y la difusión, sino que jamás volvieron a atenderlo
.
Cuando Osvaldo se entera de los sucesos con la señora, el pastor y la comisaría de Villa Gesell, viaja hacia la citada localidad en un patrullero junto a efectivos policiales de Las Toninas y verifica con la mujer citada la vestimenta, pantalón, remera y zapatillas y la conducta de Darío, que es fácilmente reconocible porque sufre de esquizofrenia. Osvaldo indaga a los efectivos policiales sobre el por qué lo dejan ir sin que dieran ningún alerta y recibe como respuesta que no lo podían retener porque no había solicitud de paradero ni antecedentes. Inmediatamente, al lunes siguiente, como todos los lunes, cuando concurre a la fiscalía, consulta sobre estos hechos y le muestran documentación donde concretamente especificaban que fue dado de alta el pedido de paradero el 16 de octubre de 2014, cuestión ésta que pone en dudas si realmente hubo alguna vez cualquier gestión institucional o judicial para encontrar a Darío. Nadie jamás dio ninguna explicación al respecto.
Todo la peregrinación de Osvaldo, de la que obviamente se omiten infinidad de detalles, lo lleva a viajar a la ciudad de Dolores, donde según un declarante manifiesta haber visto a Darío pidiendo monedas; luego, también, inicia un raid trasladándose a General Madariaga, Pinamar, Villa Gesell, General Lavalle, Mar de Ajó, San Clemente del Tuyú, Santa Teresita, Maipú, Castelli, La Matanza, Morón, Hurlingham, recorriendo hospitales y comisarías de todas las localidades mencionadas.

Hijo es un ser que nos prestaron para un curso intensivo de como amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y de nosotros aprender a tener coraje. Sí, es eso! Ser padre o madre es el mayor acto de coraje que alguien puede tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente al de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo de perder algo tan amado. ¿Perder? ¿cómo? ¿no es nuestro, recuerdan? Fue apenas un préstamo.
Un desaparecido no es un ausente; por el contrario, asoma en todas partes, en cada paredón, en cada abrazo, en cada pensamiento de un mundo mejor, en cada hombre que luche de verdad por ser nuevo, en cada nunca dicho. Digo también que asoma en cada esquina, esas encrucijadas donde aguardan sigilosos los neuropsiquiátricos para aprehenderte y encerrarte.
Un desaparecido no es un ausente. Es un invisible, tan esencial a los sentidos y a los ojos. Tan amigo imaginario cuando pequeño; tan compañero cuando desdicha y esperanza; tan ideología, cuando decido vivir. Tan memoria infinita. Tan invisible, pero tan palpable, incluso más allá de lo inmanente, que se me ha vuelto conciencia.
NdR: sepan dispensar la conjetura inmediatamente anterior, que fue parida virgen pero puta, bien puta
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